En 2006 Kashiwa Sato le dio a UNIQLO una sola idea: un cuadrado rojo con katakana apilado, colocado sobre extensiones de espacio blanco frío, mientras una retícula modular rígida resuelve todo lo demás. Aquí el espacio en blanco no es lo que sobra: es el material principal, el silencio que deja a la ropa como único color.
El sistema es deliberadamente implacable en su neutralidad: tipografía casi negra, líneas finísimas, cifras de precio alineadas con un módulo invisible y rojo dosificado como una moneda para el logotipo y una única acción principal. Es la pared de vidrio de SoHo y la señalización de Ginza: bilingüe, reticulada y diseñada para desaparecer.