El cristal Orrefors encarna la convicción sueca de que la belleza vive en la claridad y la contención. Desde los primeros jarrones Graal de Simon Gate en 1916, la cristalería convirtió el grabado figurativo con rueda de cobre en líneas de extrema precisión sobre vidrio transparente: cada pieza es un teatro silencioso de luz refractada.
Este sistema toma las convenciones fotográficas del archivo Orrefors: fondos gris azulado, espacio negativo generoso y letras subordinadas al objeto. La paleta es glacial, la composición centrada y simétrica, y todo enmarca la superficie cristalina.
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