Los frescos medievales serbios del estilo Raška sitúan a sus santos sobre fondos azul azurita profundo, iluminados con halos de oro cálido y tierra ocre. Pintadas sobre *intonaco* de cal húmeda en Studenica, Mileševa y Sopoćani, las superficies se han desconchado y agrietado durante ocho siglos, dando al pigmento mineral una calidez erosionada y reverente. Este sistema honra aquella pintura mural: oro luminoso contra lapislázuli saturado, mate y mineral, enmarcado como un ábside, nunca brillante ni impoluto.