La arquitectura contemporánea de los estudios mexicanos —el trabajo de Tatiana Bilbao y Frida Escobedo desde 2010— trata el hormigón crudo encofrado con tablas como un material de acabado, no como un sustrato. Las superficies pigmentadas de gris cálido conservan la huella del encofrado de madera y el grano de la piedra de lava volcánica, que se perciben bajo la dura luz rasante del sol mexicano.
Este sistema destila esa honestidad material: planos serenos de hormigón erosionado, textura de las líneas de las tablas y de las marcas de los tirantes del encofrado, juegos de sombras de celosía y rótulos sobrios en tipografía grotesca moderna. Nada es brillante, nada es decorativo: la propia superficie es la que habla.