El surrealismo belga convertido en sistema de diseño: la calma burguesa y sin pincelada visible de René Magritte hacia 1929, el año en que pintó una pipa y escribió debajo "esto no es una pipa". Cielos cerúleos planos, nubes que avanzan en fila, objetos realistas precisos suspendidos en un enorme espacio negativo. El ingenio vive en la brecha entre una cosa y su nombre. Nada es decorativo por sí mismo: una manzana verde interrumpe, un pie de foto contradice en voz baja, y toda la página se comporta como un lienzo que insiste en que "esto no es un botón".