Una portada highlife se imprimía barata y rápida: dos o tres planchas, sin medios tonos, una sola línea negra gruesa que dibujaba todo. La banda quedaba pintada en una inundación de naranja intenso o amarillo puro, y el título se recortaba en la tinta con la tipografía slab más gruesa que tuviera el taller.
Todo lo que hay aquí sale de esa imprenta. La página es cartón de portada gris oliva, no papel. El color llega como campos enteros sin recortar. Las planchas caen ligeramente desalineadas, y esa falta de registro se conserva, porque es lo que hace que la pieza parezca impresa y no renderizada.