Los carteles de Cunard de entreguerras vendían la travesía atlántica como espectáculo. Artistas como Walter Thomas y C.E. Turner inclinaban la proa del transatlántico desde un ángulo heroico bajo, con cuatro chimeneas ceñidas en bermellón y negro sobre un campo nocturno azul marino profundo. Mayúsculas Déco crema dorado se apilaban encima, litográficamente planas y monumentales sin disculpas. Velocidad, escala y lujo de primera clase eran el mensaje: el barco era el héroe y el mar, su escenario.