Aquí lees los blancos del críquet al revés: la franela marfil importa, pero el mundo que los acoge es el verde: el césped del campo exterior, segado a franjas, de un terreno inglés de verano, donde una pelota roja de cuero y una jerarquía tipográfica con serifa, propia de un caballero, se recortan sobre la hierba. La página adopta ese verde oscuro de terreno de juego. La franela de color crudo se convierte en panel y texto, no en fondo. El ribete «de huevo y beicon», escarlata y dorado, del club sobrevive solo como una fina línea de acento, como las rayas de una corbata del MCC. Serifas de época, bandas de césped segado a franjas, curvas de las costuras de la pelota: un sistema editorial arraigado en la tradición, no un disfraz nostálgico.