Casi un kilómetro de bajorrelieve de arenisca recorre las galerías exteriores de Angkor Wat: procesiones, batallas y bailarinas apsara talladas fila por fila en piedra de montaña. Este sistema canaliza la sombra oliva tenue del relieve oscurecido por el monzón, iluminado con luz rasante, y reserva el oro antiguo para las figuras de rango.
La estética parte de las láminas arqueológicas de la EFEO de los años sesenta: apagada, granulada y narrativa. Los diseños parecen recorridos con antorcha, no fotografiados para el turismo.