Un sistema construido a partir del universo visual del profesor de química convertido en capo: amarillo canario de traje de protección sobre negro asfalto, verde tóxico de laboratorio y la ficha de la tabla periódica que encierra cualquier símbolo de dos letras como una molécula. Toma prestada la gramática de peligro y precisión de la serie: tipografía de esténcil condensada, saturación de etiqueta de advertencia y desierto abrasado por el sol reducido a grano. Todo se lee como un cartel de material peligroso fotografiado a la hora dorada: oscuro, técnico y saturado con un único acento que grita. La regla es la contención: un solo color de advertencia cada vez, azul de metilamina reservado como algo escaso y valioso, y aspereza bajo cada borde limpio.