Los billetes grabados en huecograbado son la cúspide de la impresión de seguridad de comienzos del siglo XX: líneas en relieve de planchas de acero, rosetas guilloché de torno geométrico, cartuchos de retratos y microimpresión, estampados sobre cálido papel de trapo de algodón. Este sistema honra esa artesanía en su estado documentado, envejecido y tonal: líneas verde seguridad contra un campo oliva tostado y oscurecido, no blanco nuevo. Cada superficie habla el lenguaje visual del dinero y la lucha contra la falsificación.