El cartel de tango argentino de la década de 1940 es un cine de tinta y oro. Nacido en las milongas y confiterías de Buenos Aires durante la Edad de Oro del tango, estos carteles de concierto envolvían fondos color sangre profundo en ornamentos de cobre y tipografía Didona de exhibición, anunciando orquestas típicas con la gravedad del programa de una ópera.
Cada cartel olía a humo de cigarrillo y vino tinto. Siluetas doradas de bailarines capturadas a mitad de un cortado, letras serif finas llevadas a pesos gruesos de estarcido y florituras curvas en las esquinas enmarcaban la noche porteña. Este sistema destila esa tradición dramática y saturada de tinta en recursos de diseño.