2001: A Space Odyssey (1968), de Stanley Kubrick, es el templo cinematográfico de la ciencia ficción modernista: vacío negro profundo, forma rectangular perfecta del monolito, ojo rojo saturado de HAL-9000 y precisión blanca pura del Discovery One flotando en la oscuridad cósmica.
La estética impone una disciplina estricta de tres tonos —negro, blanco y rojo—, unida a la claridad tipográfica de la Bauhaus y al encuadre simétrico de Kubrick. Cada elemento se gana su lugar; nada es decorativo.