Crónica · Perreo & Cromo
El brillo del blacklight nunca se apagó
Veinte años después, las portadas cromadas siguen definiendo cómo suena, y cómo se ve, la noche en San Juan.
Pasé dos semanas revisando una caja de CDs que mi primo guardaba en Carolina, y entendí algo que nunca había nombrado: estas portadas no eran diseño gráfico, eran luz. Cada cromo biselado y cada destello rosa neón fue calculado para brillar bajo la luz negra de una discoteca.
La estética no fue un accidente comercial
Los estudios de Bayamón que armaban estas carátulas trabajaban con presupuestos mínimos y plazos absurdos, pero entendían el formato mejor que nadie. El plateado tenía que leerse a un metro, compitiendo con cincuenta discos iguales. El truco era el bisel: dar volumen a la tipografía hasta parecer metal real.
"El cromo no era nostalgia futurista. Era supervivencia visual en una góndola saturada."
Hoy esos gestos vuelven en portadas de artistas que ni habían nacido en 2010. El glow cian, el haze morado, los destellos: todo regresó intacto.