Producto · Crédito
Por qué le dimos a cada usuario una línea de crédito antes de que la pidiera
Apostamos a aprobar primero y preguntar después. En seis meses el riesgo bajó, no subió.
El invierno pasado pasé dos semanas mirando una sola pantalla: el formulario de solicitud que un cliente nuevo en Iztapalapa tenía que llenar para pedir tres mil pesos. Veintidós campos. La mitad de la gente lo abandonaba antes del campo doce, y de los que terminaban, casi nadie volvía.
Así que invertimos la lógica. En lugar de pedirle al usuario que demostrara que merecía crédito, calculamos su línea con los datos que ya teníamos —historial de pagos, recargas, depósitos— y se la mostramos abierta el día que abría la app.